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Mi mente es una gran prostituta.
Cuando es el viento quién dicta mi camino…mi futuro incierto como una nave a la deriva… mi alma entera anhela y llora por algún puerto al que asirse. Pero no basta con liar el primer amarre, para que mi cuerpo entero tirite en deseos por el mar abierto. Y sin darme cuenta, estoy a la deriva una vez más.
Pero hoy, cuando frente a mis ojos se entabla la eternidad… La estabilidad se amarra a mis miembros como hilos de pegamento, finas hebras de miel que imposibilitan el progreso y el desarrollo de articulaciones que desea alcanzar el cielo. Oh, mente la mía. ¡cuánto añoré esto! Le pedí a los dioses que arrancaran de mi esta vida nómada e insegura, pero hoy derramo lágrimas por ella. Finalmente llegué a donde siempre quise, y lo primero que sentí fue repudio y dolor.
Oh deseos!…cuán terrible es… que tengan la maldita capacidad de cumplirse. El futuro, incierto siempre para mi, ahora se traza como una leyenda antigua y aburrida. Siento la imponente espada, tiritante y siniestra, sobre mi cabeza…pronta a caer.
Se hicieron las cadenas para con mis muñecas, la espalda golpeó la fría roca y mis entrañas fueron devoradas por las aves de rapiña. Mis pies añoran el camino y mi espíritu la explosión de lo incierto. Pero día a día, el sol al nacer, me propone ante el destino como Prometeo, listo para ser mutilado por toda la eternidad.
PS. El día que se rompan mis amarras….añoraré que devoren mis intestinos.

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