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Hay días que me gusta jugar a Cortázar. Pero en vez de París, es mi viejo San José; y en vez de La Maga, te busco a vos. Es un juego divertido. Recorro todas las esquinas, paso frente los edificios viejos. Me detengo en los puestos donde vende esperanza y suerte, y en aquellos donde se consigue amor. Aunque sé que no te encontraré…no me importa. Igual te busco, con ahínco y anhelo, en cada esquina que doblo, en cada mirada clandestina que robo, en cada grito que levanto al cielo. Me parece verte en las vidrieras, subiendo pisos y bajando escaleras. Tu cabello se esconde tras el grupo de personas que siempre va frente a mi. El sonido de tu risa rebota en los monumentos que dejaron de existir.
No estás aquí, pero igual me encanta la idea de buscarte. Desdoblar los asfaltos y perseguir tu rastro bajo los adoquines de calles sin salidas. Descubrirte en las piedras pequeñas que hacen las aceras, en el polvo que cubre los muros derribados. De norte a sur, de este a oeste; camino sin preocuparme de peligros más allá del no encontrarte. Algunas veces desespero, y creo haberte perdido más de la cuenta. Regreso sobre el camino ya cubierto, para asegurarme que –meticuloso– revisé todos los recovecos de esta hermosa ciudad.
La Maga buscaba a Cortázar, mientras él la busca a ella. Yo sé que no me buscas nunca. Yo sé que desconoces el olor amargo de San José, el murmullo que palpita en sus calles y avenidas. Se que la esteril búsqueda, regresará siempre la sonrisa de una mujer extraña que se da cuenta que me equivoqué al llamarla. Pero continúo buscandote, porque tal vez un día, vos me estés buscando a mi también. Y tal vez…un día… nos encontremos.

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Juguemos…