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Kiss Klimt

Así se debe decir adiós…con una sonrisa, con un abrazo encendido, con una caricia impropia…con un beso inocente que adolece por ser impío.

Así deberíamos despedirnos siempre…con los deseos a flor de piel, con la boca entreabierta, con la piel tensa de tanto sentir.

Y así lo hicimos…

Así dijimos adiós…con la duda en la mente, preguntándonos por siempre…si los labios aún son dulces como la miel…si en un abrazo seríamos capaces de incendiar el mundo con pasión…si nuestras manos conocen aún los secretos de la lujuria… y si lo codiciado…era realmente nuestro.

Es mejor así…

decir adiós sin realidades…sin decepciones…pero con la posibilidad amarga…del arrepentimiento.

Espalda

Hoy dibujé flores en tu espalda…dibujé estrellas y firmamentos.  Hoy encontré paz, en la constelación que tus lunares trazan sobre el lienzo blanco que es tu torso.  El suave rozar de mis dedos me recordó las melodías que se le arrancan a una guitarra.  Acordes impíos que hacen vibrar el alma en tonalidades azul violeta.  Una melodía que nos suena vieja, que nos invita a pedir amor y perdón.  Los círculos que encierran tu piel, son cada uno…una plegaria…cada uno una esperanza y una maldición.  Sin importar nada…sin precaución…me dediqué a encontrar lo que creí perdido, a descubrir lo oculto, a alterar lo que ya creía apaciguado.

Mis manos temblorosas se acercaban a los secretos que esconde tu falda, odiando el tiempo que es siempre mi enemigo…odiando el destino que siempre me oculta las dulces mieles del amor…no sin antes enseñármelas para tentarme con una risa burlona.  Mis sentidos se prolongaban a cada uno de mis dígitos…ellos gritaban…lo que mi voz no podía.  Trazos de pincel que en cada línea dejan un rastro de sangre, un pedazo de alma…una poesía incompleta, que muere poco a poco de dolor.

Esa espalda tuya…es un muro de los lamentos…una penitencia irredimible. Esa espalda tuya…fue hoy mi perdición.

Pero mis manos…las que creí hábiles en su arte…no sintieron el respirar hondo que esperaban, el terso plano transmutarse en un chispero de sentidos que vibran con el acometer de cada caricia…con el firme y el suave vaivén de una mano que no duda en arrancarse por vos.  Tus ojos no se cerraron…y tu boca no sonrió.

Mi devoción es para esa espalda…símbolo de un adiós, de un olvido, de un silencio.  Ahora sé, que cuando te vallas…cuando camines a lo lejos…será un dulce despedir…porque lo último que de vos tendré…es la imagen pérfida de un millón de lunares…que adoloridos…se ríen de mi…

Ceiba

Esto te lo escribo a vos…y sólo a vos.
Para que lo envolvás en hojas de plátano, y lo subás a la Sierra.  Lo enterrés bajo una Ceiba, y ésta de flores y frutos.  Y en sus raíces yacerá el dolor que me habita y me domina.  Y en la sangre que su corteza derrame, vivirán mis palabras para siempre…

Esto te lo escribo a vos…y sólo a vos.
Para que lo hagás trizas y lo viertas en ríos y acequias…contaminando pueblos y ciudades con la locura que me envuelve.  Para que lo pongas en una copa de vino, tornándose en droga o alquimia nueva…que transite por tus conductos y se destile en tus entrañas.  Que mi añoranza te empape los sentidos y te haga sudar mi nombre entre gemidos de dolor y placer…porque este sentimiento es un veneno que duele…y enamora.

Esto es para vos…y sólo para vos.
Es un adiós que no se quiere dar, un beso que se prohíbe, un abrazo que rompe más de lo que liga.

Esto lo escribo, para que lo llevés lejos…muy lejos.  Cuando el amanecer te encuentre desnuda, pensado en mi…sin saber por qué.

Cuando estés en otros brazos, bebiendo de otras fuentes…
Cuando el sabor a caña madura sature tu deseo…cuando la pasión se infiltre en tus cavernas y te embriague…cuando tu piel se descubra ante otra piel y se erice con cualquier roce…esto que te escribo…seguirá siendo tuyo.

Y estará aquí…para que lo encuentres siempre.