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-¿dónde estás?

-En tu carro, recorriendo las calles planas de Guanacaste…hablándote de amor y de sueños imposibles…sonriendo por primera vez en varios años.

-¿por qué ahi?
-Porque en ese instante existía la posibilidad de fuga…de manejar interminablemente hacia un destino incierto…lejos de los días que corroen y asesinan. Porque el sol brillaba y el calor movía mis entrañas…porque el viento jugaba en tu cabellera y la hacía danzar como embrujada. Porque ahí sólo estabas vos…y sólo estaba yo.
-¿Fuga?¿A dónde?
-Donde sea…al infinito…bajo la sombra dulce de una caracola… Correr y esconderse bajo la caricia tenue que el mar propicia a la arena…
-Es demasiado tarde.
-Lo se…lo se. Pero cuando las primeras lluvias de Mayo…caen…se despiertan en mi fantasmas y monstruos que baten el caldo sombrío de mis recuerdos. Y cada gota grita tu nombre…y la oscuridad evoca tus caricias. Y caigo en cuenta de que te perdí un día cualquiera…cuando el sol brillaba. Y ahora en este invierno… temo no encontrarte…porque cuando llueve, San José se pone oscuro, peligroso, truculento. Y vos te escurris en las callejuelas y mis manos mojadas no pueden sostenerte…

“Ella salió con el amanecer
caminó descalza por la hierba mojada
me miró a través de la ventana
y su sonrisa me dijo…
que no iba a volver.”

 

¿quién sos? –preguntó.

No sé…

  Un sollozo que se pierde en el bullicio de mi hermoso San José. 

El viejo que da de comer a las palomas en la Plaza de la Cultura…y el niño que las corretea sin éxito. 

Un cigarrillo que sabe mal desde el inicio, pero igual lo fumas hasta el final. 

Gota dulce que termina amarga.  Lluvia en Mayo, y sol en Octubre. 

 Vagón de tren

Avenida a pié

Café en la baranda

Lápiz y cuadernito

Soy el que sube a los árboles a jugar, porque ellos conocen los juegos más divertidos.

San Jose 

 …

Hay días que me gusta jugar a Cortázar.  Pero en vez de París, es mi viejo San José; y en vez de La Maga, te busco a vos.  Es un juego divertido.  Recorro todas las esquinas, paso frente los edificios viejos.  Me detengo en los puestos donde vende esperanza y suerte, y en aquellos donde se consigue amor.  Aunque sé que no te encontraré…no me importa.  Igual te busco, con ahínco y anhelo, en cada esquina que doblo, en cada mirada clandestina que robo, en cada grito que levanto al cielo.  Me parece verte en las vidrieras, subiendo pisos y bajando escaleras.  Tu cabello se esconde tras el grupo de personas que siempre va frente a mi.  El sonido de tu risa rebota en los monumentos que dejaron de existir.

  No estás aquí, pero igual me encanta la idea de buscarte.  Desdoblar los asfaltos y perseguir tu rastro bajo los adoquines de calles sin salidas.  Descubrirte en las piedras pequeñas que hacen las aceras, en el polvo que cubre los muros derribados.  De norte a sur, de este a oeste; camino sin preocuparme de peligros más allá del no encontrarte. Algunas veces desespero, y creo haberte perdido más de la cuenta.  Regreso sobre el camino ya cubierto, para asegurarme que –meticuloso– revisé todos los recovecos de esta hermosa ciudad. 

  La Maga buscaba a Cortázar, mientras él la busca a ella.  Yo sé que no me buscas nunca.  Yo sé que desconoces el olor amargo de San José, el murmullo que palpita en sus calles y avenidas.  Se que la esteril búsqueda, regresará siempre la sonrisa de una mujer extraña que se da cuenta que me equivoqué al llamarla.  Pero continúo buscandote, porque tal vez un día, vos me estés buscando a mi también.  Y tal vez…un día… nos encontremos.