…
-¿dónde estás?
-En tu carro, recorriendo las calles planas de Guanacaste…hablándote de amor y de sueños imposibles…sonriendo por primera vez en varios años.
-¿por qué ahi?
-Porque en ese instante existía la posibilidad de fuga…de manejar interminablemente hacia un destino incierto…lejos de los días que corroen y asesinan. Porque el sol brillaba y el calor movía mis entrañas…porque el viento jugaba en tu cabellera y la hacía danzar como embrujada. Porque ahí sólo estabas vos…y sólo estaba yo.
-¿Fuga?¿A dónde?
-Donde sea…al infinito…bajo la sombra dulce de una caracola… Correr y esconderse bajo la caricia tenue que el mar propicia a la arena…
-Es demasiado tarde.
-Lo se…lo se. Pero cuando las primeras lluvias de Mayo…caen…se despiertan en mi fantasmas y monstruos que baten el caldo sombrío de mis recuerdos. Y cada gota grita tu nombre…y la oscuridad evoca tus caricias. Y caigo en cuenta de que te perdí un día cualquiera…cuando el sol brillaba. Y ahora en este invierno… temo no encontrarte…porque cuando llueve, San José se pone oscuro, peligroso, truculento. Y vos te escurris en las callejuelas y mis manos mojadas no pueden sostenerte…
“Ella salió con el amanecer
caminó descalza por la hierba mojada
me miró a través de la ventana
y su sonrisa me dijo…
que no iba a volver.”
